PÁGINAS DE INTERÉS

12 - JESÚS Y NICODEMO; NUEVO REINO - NUEVO NACIMIENTO




MENSAJE DOMINGO 24/04/2016

Por el Hno. Gabriel.-

Continuando con el hilo temático de “La vida y obra de Jesús”, respetando el orden cronológico de los eventos, abordaremos en esta ocasión un encuentro muy particular que hubo entre Jesús y un fariseo llamado Nicodemo, principal entre los judíos. Relato que únicamente se registra en el evangelio de Juan y se entiende que es el resumen de la conversación que hubo entre ellos. Sin embargo lo reportado en este pasaje se considera un valioso aporte doctrinal, porque es un texto pilar para la doctrina del bautismo, nuevo nacimiento y evangelismo, y que a su vez para un estudio más completo se puede separar en dos secciones, siendo la primera sección desde el verso 1 al 10 y la segunda sección desde el verso 11 al 21:

Juan 3
1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos.
2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.
3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?
5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.

6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.
8 El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.
9 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto?
10 Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?

Contexto histórico
Este importante evento tuvo lugar en Jerusalén, durante el mes de Abib (equivale al mes de Abril de nuestro calendario) del año 28 dC, quizás en plena fiesta de los panes sin levadura (posterior al sacrificio de la pascua). Jesús se encontraba allí por causa de la fiesta de la pascua a la que cada año acudía, pero a diferencia de los años anteriores en esta ocasión Jesús tuvo su primera aparición pública al echar fuera del templo a todos los comerciantes que se instalaban allí (Jn 2:13-17). Lo cual, debido a la gran cantidad de adoradores de todo Israel que venían a Jerusalén por causa de la fiesta de la pascua, la mayoría de ellos, debido a las largas distancias que debían recorrer, encontraban incomodo y complicado trasladar un animal durante su largo viaje para sacrificarlo en Jerusalén, por lo que les era más cómodo comprarlo directamente en Jerusalén, a lo cual, judíos mercaderes y oportunistas armaban sus puestos de venta de animales (bueyes, ovejas, palomas) directamente en los patios externos del templo para suplir esta necesidad a los viajeros. A estos se sumaban también los cambistas quienes armaban sus mesas y hacían el intercambio de las monedas extranjeras por la de uso corriente para Jerusalén y para el templo. Por supuesto que ambos, tanto vendedores de animales como cambistas obtenían cuantiosas ganancias de estos servicios, de los cuales una parte de estas era para los principales sacerdotes quienes autorizaban esta clase de comercio. Al permitir esto, transformaban el templo de Dios en un mercado ilegal y barato y opacaban el verdadero sentido de la pascua judía. A lo que Jesús, movido por el celo de Dios (Jn 2:17), haciendo un azote de cuerdas desbarato por completo todo este comercio ilegal volcando las mesas de los cambistas y corriendo a todos los que vendían animales (bueyes, ovejas y palomas) en aquel lugar.
Es evidente que tal acción departe de Jesús dejo pasmado a muchos judíos que se encontraban allí, los cuales quizá se habían acostumbrado y encontraban normal este tipo de comercio. De seguro también esta situación fue denunciada al sanedrín, entre los cuales se encontraba Nicodemo.

¿Quién era Nicodemo?
Su nombre es contado únicamente en el evangelio de Juan y solo en tres ocasiones, de las cuales el relato que se registra en el capítulo tres es el más relevante de todos. No obstante, las otras dos breves apariciones en Juan 7:50 y 19:39 nos confirma que Nicodemo era un principal de los judíos y que pertenecía al sanedrín, lo cual también nos da el pie de pensar que Nicodemo era un hombre rico. Para ese tiempo “el sanedrín” era la máxima entidad judía que ejercía tanto el poder ejecutivo, legislativo como también judicial de la nación Judía, aunque para penas capitales, como sentencias de muerte, estaba sujeto al control de un procurador romano. Estaba compuesto por setenta personas entre ellos el sumo sacerdotes quien era el presidente y a su vez pertenecía a los saduceos los cuales también eran mayoría en el concilio, y la minoría restante la completaban los fariseos y escribas entre los que se encontraba Nicodemo.
La etimología del nombre Nicodemo significa “victorioso o conquistador de su pueblo, su gente”, se estima que era una persona de gran conocimiento escritural (la torá y la tanaj) y doctor en la ley,  muy influyente entre los fariseos. Además era un importante maestro de Israel, lo cual lo hacia una persona honorable y respetada por todo el pueblo. En virtud de estos datos se calcula que su edad debe haber sido de aproximadamente 50 o 55 años.

Desarrollo primera sección
La escena del capítulo tres de Juan nos muestra que este importante hombre (Nicodemo) viene a conversar con Jesús de noche, como una visita clandestina ya que no deseaba ser descubierto porque un encuentro publico con Jesús arruinaría su reputación (primero; Jesús no era aceptado por los fariseos y saduceos y segundo; Para Nicodemo, quien era un importante maestro mayor de edad, acudir a Jesús, un joven desconocido de 30 años, le representaba una deshonra). Es evidente que aquella acción de Jesús en el templo y otras señales que Él hizo impactaron en la vida de Nicodemo y de los fariseos al punto tal que tuvo que venir personalmente a Jesús a buscar ciertas respuestas.

Sus primeras palabras hacia Jesús fueron reconocerlo como un maestro enviado por Dios con cierto poder de lo alto, pero de ninguna manera lo reconocían como el Cristo. Curiosamente Nicodemo utiliza el plural “sabemos que has venido de Dios” dando a entender que su voz representaba la voz del grupo fariseo. Sin embargo, Jesús, a pesar del reconocimiento atribuido (aunque se entendía que no era sincero porque de lo contrario se habrían bautizado y seguido a Jesús), responde a Nicodemo que “el que no naciere de nuevo o no naciere de lo alto, no puede ver el reino de Dios” y aunque para algunos comentaristas esta respuesta parece estar fuera de lugar ya que Nicodemo no pregunto nada referido a este tema, sin embargo lo primero que está haciendo Jesús en esta conversación es mostrarle a Nicodemo que ellos como grupo religioso no pertenecían al reino de Dios, por lo tanto no tenían capacidad para discernir como se movía el reino de Dios, no podían identificar quien era enviado departe de Dios y quién no. Dicho de otro modo, los fariseos no estaban en condiciones de identificar al Mesías porque ellos no pertenecían al reino de Dios sino que eran ajenos al plan de Dios. Es como decirle – Nicodemo, de verdad, de verdad te digo que el que no ha nacido en el reino de Dios no puede ver el reino de Dios, por lo tanto tú no puedes saber lo que sucede allí, ustedes no saben nada del reino de Dios porque no han nacido allí, no pertenecen allí, tienen que nacer de nuevo para pertenecer allí – a lo que Nicodemo responde – ¿me estás diciendo que hay que volver a empezar? ¿Cómo hacemos para nacer de nuevo? Ya hemos nacido una vez ¿cómo haremos para nacer dos veces? ¿Acaso debemos volver al vientre de nuestra madre y nacer de nuevo? Lo que tú dices es imposible, no puede hacerse porque ya somos viejos  – entonces Jesús aclara – de verdad de verdad te digo, que una cosa es nacer de la carne y otra es nacer del Espíritu, si tu entras de nuevo en el vientre de tu madre y vuelves a nacer seguirás siendo carne, y lo que es nacido de la carne siempre será carne y nunca será otra cosa, en cambio el que nace del espíritu cambia de naturaleza a una espiritual y forma parte del reino de Dios porque ha nacido allí, y tú no has nacido del espíritu por tanto no puedes entender la obra Dios ni tampoco perteneces a su reino – En otras palabras Jesús le estaba diciendo a Nicodemo que toda su vida religiosa no tenía ningún provecho delante de Dios, todo su esfuerzo legalista había sido en vano y sin sentido, era una vida puramente carnal e hipócrita y jamás alcanzarían el reino de Dios, porque ser parte del reino de Dios no se trataba de conocimientos adquiridos para discernir entre lo bueno y lo malo, sino que estaba determinado por una cuestión de origen, en donde el que nace dentro del reino pertenece naturalmente a él (del mismo modo que hoy adquirimos nuestra nacionalidad). A su vez esto implicaba que para pertenecer al nuevo reino debo morir al que pertenezco, o sea, Nicodemo debía morir a su naturaleza carnal, abandonar todo lo que durante toda su vida había logrado, a fin de volver a nacer y empezar una vida nueva pero ahora regida por el Espíritu Santo de Dios. Por supuesto que tales palabras deben haber dejado estupefacto a Nicodemo, porque ahora ha entendido perfectamente lo que Jesús le está diciendo, no obstante no sabe cómo se produce dicho cambio, por esta razón Jesús le dice – No te maravilles de que te dije; os es necesario nacer de nuevo – y continua diciendo – nosotros sabemos que el viento existe por la sencilla razón que oímos su sonido, sin embargo no sabemos mas nada de él, no sabemos donde se forma, de donde viene, donde acaba, no lo vemos, no obstante sabemos que quien lo crea y lo gobierna es Dios, sin embargo como lo hace para nosotros es un misterio, del mismo modo ocurre con el nacimiento espiritual, es algo que está determinado y gobernado por Dios, es un nacimiento dado de lo alto, no es una decisión del hombre, no está en su poder, por lo tanto es un misterio para la mente humana (Jn 1:12-13) –  a lo que Nicodemo con todo lo mencionado hasta aquí se ve totalmente ajeno al reino de Dios y ahora no tiene más que preguntar cómo puede hacer para estar dentro – ¿Cómo puede hacerse esto? – A lo que Jesús responde con otra pregunta – ¿eres tú maestro de Israel y no sabes esto? se supone que el que debe enseñar estas cosas a los israelitas eres tú  – la pregunta de Nicodemo ponía en evidencia cuán lejos estaban estos grupos religiosos de la verdad. Sus enseñanzas habían sido puramente teóricas y superficiales, dicho de otro modo, durante años habían hablado de Dios a quien nunca conocieron verdaderamente.

Enseñanzas primera sección
Hasta aquí esta primera sección del dialogo entre Jesús y Nicodemo enfatiza dos cosas muy importantes, la existencia del “reino de Dios” acercado a la tierra y la necesidad del nuevo nacimiento” para ser parte del mismo. Todo judío a lo largo de la historia había crecido bajo la idea que ellos eran el pueblo de Dios, por tanto consideraban que el día en el que el Mesías se manifieste al mundo y restablezca el reino de Israel ellos naturalmente formarían parte de ese reino porque eran descendientes de Abraham (Lc 3:8). Consideraban que la aptitud para pertenecer al reino de Dios venía siendo determinada por una cuestión genealógica. Sin embargo Jesús les demuestra que ser parte del reino de Dios, el reino del Mesías, viene siendo determinada por una cuestión de origen, o sea, soy oriundo del reino de Dios porque he nacido en ese reino, y no es una ciudadanía que se pueda adquirir con dinero o recibirla por herencia sanguínea, no importa cuál sea tu orden generacional, ni tampoco importa cuán bien hayas ordenado moralmente tu vida (Tit 3:5), es necesario nacer en el reino de Dios para pertenecer al reino de Dios.

Por supuesto que hablar de un nuevo nacimiento implica hablar de muerte a una vida actual para empezar una nueva vida espiritual (2°Co 5:17). No puede haber un nuevo nacimiento sin que haya muerte de por medio. Dicho de otro modo, la única manera de dejar de pertenecer al lugar en donde hemos nacido es muriendo a dicho lugar, hemos entrado por nacimiento y la única manera de salir va a ser por muerte. Por ejemplo; tú no elegiste ser argentino, no eres argentino por opción, tú eres argentino por origen, porque has nacido bajo el suelo argentino por lo tanto perteneces a Argentina. Ahora que pasaría si tuvieras la posibilidad de volver a nacer pero eligiendo el lugar donde tú quieres nacer, vamos a suponer que tú quieres ser oriundo de Inglaterra, entonces tendrías que nacer en Inglaterra, pero como ya has nacido en Argentina ahora debes dejar de ser argentino, debes romper todo vinculo con argentina, es evidente que si has entrado por nacimiento la única forma de salir y desvincularte  completamente va a ser por muerte, a fin de volver a nacer pero esta vez en Inglaterra para ser oriundo de Inglaterra.

Nosotros hemos nacido en el mundo, bajo los efectos del pecado, por lo tanto pertenecemos al reino de las tinieblas, pero ahora por medio de Jesús se ha acercado el reino de los cielos, y cada uno de nosotros hemos deseado con todas nuestras fuerzas ser parte de ese reino, pero no pudimos, porque sangre y carne no pueden heredar el reino de Dios (1°Co 15:50). ¿Cómo hacemos entonces para pertenecer a tal reino? La respuesta es muriendo, debemos morir al reino mundano para volver a nacer en el reino celestial, es la única manera, no es por obras, no es por esfuerzo físico, sino por nuevo nacimiento y esto por la voluntad de Dios.

¿Existen pasos para el nuevo nacimiento?  La respuesta es ¡NO!  El nuevo nacimiento depende pura y exclusivamente de Dios. El hombre no tiene potestad sobre el nuevo nacimiento, es lo que Jesús le dijo a Nicodemo, esto es como el viento, tú no lo gobiernas, tú no lo dominas, depende de Dios. No tenemos potestad sobre el nuevo nacimiento, es tal como el nacimiento físico, que contribución hiciste tu a tu nacimiento físico, ¡ninguna!, no colaboraste con tu mama ese día para nacer, no la ayudaste, no hiciste nada porque no tenias poder para hacer nada, del mismo modo es el nacimiento espiritual, tu no contribuyes en ese nacimiento, es un nacimiento que viene de arriba, depende pura y exclusivamente de Dios. Juan 1:13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Santiago 1:18 El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.

Desarrollo segunda sección
Juan 3
11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.
12 Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?
13 Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.
14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,
15 para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
18 El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.
21 Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.

A partir de esta sección (verso 11 al 21) ya son solo las palabras de Jesús, hasta aquí Nicodemo ha pasado de ser el honorable maestro de Israel a ser un simple e ignorante alumno escuchando al verdadero Maestro, quién comienza enfatizando que la esencia de enseñar radica en hablar lo que uno verdaderamente conoce y ha visto, y en este sentido Jesús hablaba del reino de Dios porque realmente lo conocía, Él era de ahí, por lo tanto su enseñanza no era simple teología sistemática, sino el testimonio de lo que conocía. El único capacitado para enseñar respecto de lo celestial era Jesús, sin embargo Nicodemo y el resto de los fariseos no reciben este testimonio porque no creen que Jesús sea el Mesías de Dios. Sin contar que hasta aquí la conversación no había profundizado en cuestiones celestiales, sino tan solo se había hablado de cuestiones terrenales, las que tienen que ver con la condición del hombre y su estado pecaminoso, lo cual precisaba de una inmersión en agua como consecuencia de verdadero arrepentimiento para morir a una vieja vida y ser regenerado por medio Espíritu Santo hacia una  vida nueva. Si esto que era tan solo el principio del mensaje le costaba creer cuanto más rechazarían las cosas celestiales (el nuevo pacto de Dios, el diseño de la salvación del hombre, la expiación de los pecados y la justificación por gracia)
A lo que Jesús continúa diciendo, nadie jamás va a poder hablar de las cosas celestiales porque nunca nadie subió al cielo como para traer el testimonio de arriba. El único que puede hablar de las cosas del cielo es Aquel que descendió del cielo, el Hijo del Hombre que está en el cielo (Jn 6:38). Tal declaración es difícil de aceptar para un fariseo, Jesús le está diciendo que él descendió del cielo porque es del cielo, y además Él es el único que tiene la cura para rescatar al hombre del poder de la muerte, la cual impartiría a todos por medio de creer en Él quien iba a ser levantado sobre una cruz a la vista de todos por causa de expiar nuestros pecados (Is 45:22). La manera de librar seria igual a la que Moisés utilizo en el desierto, quien tuvo que levantar una serpiente de bronce sobre un asta en el desierto para que todos los israelitas que habían sido mordidos por serpientes verdaderas sean sanados del mortífero veneno con tan solo mirar a ella. Del mismo modo serian ahora sanados todos los hombres del mortífero veneno del pecado con tan solo contemplar la obra expiatoria de Cristo en aquella cruz y creen en Él. En el caso de Moisés la serpiente de bronce sanaba de la muerte física (solo era algo temporal), en el caso de Cristo él sanaría de la muerte eterna, el mecanismo era el mismo pero el efecto diferente.
Dios había provisto un único medio por el cual toda la humanidad seria salvada del mortífero veneno del pecado, y era entregando la vida de su unigénito hijo, al cual no escatimo (Ro 8:32) sino que entrego por amor para redimir a su creación, a fin de que solo por medio de él todos los hombres  alcancen la salvación del alma (Lc 9:56). Dios exhibió la medicina y la puso delante de los hombres, así como lo hizo Moisés con la serpiente de bronce en el desierto, a fin de que todos corran a Cristo y sean salvos del poder del la muerte, donde el que no corre hacia él solo se ha perjudicado, porque eligió sucumbir bajo el efecto del pecado. En el día que Dios juzgue todas las cosas, la condenación para aquellos que no miraron y corrieron a Cristo será su propia obstinación, porque no creyeron en Él sino que amaron mas el pecado, porque desearon deleitarse bajo los efectos del veneno mortal del pecado viviendo una ilusión a corto plazo, no obstante todos los que corrieron a Cristo ninguno de ellos será avergonzado, sino que todos ellos serán vivificados (Jn 5:24)
Moisés exhibió una serpiente de bronce sobre un asta en el desierto para mantener la vida física a los israelitas, Dios exhibió a su unigénito Hijo sobre una cruz a todos los confines de la tierra para conceder vida eterna a la humanidad (Jn 12:32).

Enseñanzas segunda sección
Recordamos que en la primera sección se nos hablaba del “reino de Dios” acercado a la tierra y la necesidad de un “nuevo nacimiento” para pertenecer a él, en esta segunda sección Jesús nos habla de tres cosas diferentes, “creer”, “salvación” y “condenación”, que en definitiva son la implicaciones prácticas para pertenecer al reino de Dios. Dicho de otro modo, nacer de nuevo conlleva un proceso práctico para pertenecer al nuevo reino, el cual comienza por “creer”, creer que hubo un hombre que descendió del cielo y nos acerco el reino de Dios, y que a su vez Él era el único medio por el cual podíamos ser librados de la condenación del pecado y hallar salvación para nuestras almas. El único que podía trasladarnos del reino de las tinieblas al reino de la luz, el cual lo hizo por medio de su sacrificio en la cruz, aquella preciosa sangre derramada a nuestro favor como la única medicina para redimirnos de la muerte, y de este modo nos justifico para con el Padre celestial haciéndonos santos para participar de la santidad de Dios para siempre. Entonces la puerta de todo lo que Jesús viene exponiendo a Nicodemo es “creer”, dicho de otro modo comienza por creer, creer en Aquel que Dios levanto de los muertos.
Creer es un verbo, una acción constante que implica un cambio de naturaleza, no se trata solo de una confesión verbal, sino del arduo trabajo de seguirle y obedecerle en todo lo que él ha enseñado, todos los días, en cada instante de nuestras vidas, dicho de otro modo es una conversión de nuestro ser, lo cual nos lleva al primer punto del un nuevo nacimiento, de una nueva vida en Cristo.

Esto comienza por la realidad de darnos cuenta del estado de envenenamiento en el que estamos por causa del pecado, y que el único que tiene la medicina para poder sanarnos es Cristo Jesús, quien fue exhibido sobre una cruz para que todo aquel que en Él crea no se pierda sino que tenga vida eterna.

Tito 3
5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo,

1°Pedro 1
3  Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,

2°Corintios 5
17 De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

1°Juan 5
18 Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca.

Conclusión
El fue entregado por nosotros, fue violentamente castigo por nuestra causa, y tal evento fue observado por todas las huestes de la creación; ángeles y humanos, demonios y el adversario, la creación misma, todo se detuvo aquel día, el Hijo de Dios estaba siendo condenado. Para ese momento todo lo sucedido se magnificaba; los puñetazos en su rostro fueron como pedradas lanzadas con violencia, los azotes sobre su cuerpo como fuertes olas golpeando una endeble barca, la corona de espina como saetas disparadas a corta distancia, cargar aquella cruz fue como aplastarlo con una rueda de molino, el martillo sobre los clavos sonaron como truenos que se apagaban en sus manos, darle a beber hiel con vinagre fue como sumergirlo en un mar de aguas amargas, y aquel ultimo clamor al Padre sonó como un insuperable grito de victoria. Durante tres días todas las huestes espetaron en silencio, hasta que Dios mismo inclino los cielos y descendió a buscarlo (Sal 18:9), desde lo más profundo de la tierra Jesús se elevo, a lo que toda la creación con gran voz exclamo; he aquí ¡El Señor Resucito!, y por primera vez en toda la historia de la humanidad un hombre se acercaba a las puertas eternas del cielo, a un lugar donde jamás ningún hombre había llegado, y estando frente a ellas clamó para que se abrieran, las cuales irresistibles a sus palabras se abrieron, y atravesando Él por ellas se transformó en el camino (Jn 14:6) vivo para acceder al reino, permaneciendo así hasta ahora, para atraer hacia sí mismo a todos los verdaderos ciudadanos del reino.

Salmo 24
7 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria.
8 ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová el fuerte y valiente, Jehová el poderoso en batalla.
9 Alzad, oh puertas, vuestras cabezas, Y alzaos vosotras, puertas eternas, Y entrará el Rey de gloria.
10 ¿Quién es este Rey de gloria? Jehová de los ejércitos, El es el Rey de la gloria.

La paz del Señor Jesucristo.-

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